La Cenicienta de Salvador de Bahia - 29 de mayo Teresa Carreño

publicado a la‎(s)‎ 26 may. 2013 13:16 por Mercedes Grau
MÚSICA | ENTREVISTA VIRGINIA RODRIGUES, CANTANTE

La Cenicienta de Salvador de Bahia

"Mi primera ocupación fue la de manicurista. Pero también fui doméstica y lavandera" "(Caetano Veloso) lloró mucho, sí . Lo vi emocionado cuando yo estaba cantando. Estaba conmovido"

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La cantante brasileña se presentará el miércoles en el Teatro Teresa Carreño
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SIMÓN VILLAMIZAR |  EL UNIVERSAL
domingo 26 de mayo de 2013  09:46 AM
No. Virginia Rodrígues jura que nunca pasó por su cabeza que podría llegar a convertirse en una estrella de la música brasileña, como Chico Buarque, Milton Nascimento, Caetano Veloso, Gal Costa, Maria Bethania o Gilberto Gil.

A los doce años limaba y pintaba las uñas de todas las clientas de una peluquería: era manicurista. Lavaba ropa ajena. Y limpiaba las casa de otros. Los sábados y domingos, en cambio, atendía a su verdadera pasión: cantar en el coro de la pequeña iglesia de un barrio muy pobre de Salvador de Bahía, donde nació.

"No, yo no pensaba en nada", dice Rodrígues vía telefónica. "Porque de niña era solo eso: una niña. La radio era el único medio de comunicación que había en mi casa y a mí siempre me gustó la música. Sobre todo la buena música. Yo llamaba a las radios, pedía una canción y la ponían. De Maria Bethania. De Elis Regina. De Milton. Lamentablemente eso no pasa ahora. Por eso es que siempre digo que mi única formación musical fue la coral de la radio y, claro, la iglesia", agrega la cantante bahiana, de 49 años, que advierte que solo de adulta comenzó a ganar dinero cantando en corales.

Hasta que el productor y director del grupo teatral Olodum de Salvador de Bahia, Márcio Meirelles, le hizo una propuesta que le cambió por completo la vida: la invitó a participar en una pieza y, en una función, dejó maravillado nada menos que al cantautor, escritor y cineasta brasileño Caetano Veloso.

"Era mi primer ensayo abierto de la obra. Él (Caetano Veloso) ya conocía al grupo de teatro, pero yo era nueva. A mí me tocó interpretar a una mujer sufrida que se relacionaba con el personaje principal de la obra: un niño de la calle. Y en el momento en el que el niño moría, yo tenía que cantar en latín una pieza llamada Verónica. Un tema lindo, sobre todo muy religioso, que se canta en las procesiones de Semana Santa, y que luego supe que formaba parte de la infancia de Caetano en Santo Amaro de Purificación", recuerda Virginia Rodrígues, que con su voz de cantante lírica despertó las lágrimas del músico, compositor, productor, arreglista y poeta bahiano.

"Lloró mucho, sí. Lo vi emocionado cuando yo estaba cantando. Estaba visiblemente conmovido", agrega Rodrígues, quien revela que Veloso pidió entonces conocerla personalmente.

"Oír ese canto, de una voz celestial que salía del cuerpo rollizo de una negra sólida, me conmovió profundamente". Con esas palabras (escritas luego), Caetano Veloso selló una larga relación de amistad... y de trabajo.

Apenas el comienzo de una carrera que ya alcanza los 16 años, cinco discos (Sol negro, Nos, Biscoito fino, Mares profundos y Recomeço), grabaciones con el prestigioso sello alemán Deutsche Grammophon, premios y muchísimas giras nacionales e internacionales, como la que la traerá a Venezuela este martes para cantar al día siguiente, 29 de mayo, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño gracias a la Embajada de Brasil y al Instituto Cultural Brasil Venezuela.

Y aunque Caetano Veloso tardó, cumplió. "Yo seguía trabajando con el grupo de teatro Olodum, pero igual tenía que trabajar de manicurista, de doméstica, y de lavandera, para poder mantenerme. Porque aquí en Bahia, en el nordeste, a pesar de que el teatro es considerado un gran oficio, no da para vivir. Así que seguía haciendo varias tareas al mismo tiempo. Pero poco tiempo después grabé el disco", cuenta Rodrígues.

Sol negro (1996), así lo bautizo. "Lo grabé en Natasha, un lugar bellísimo de Río de Janeiro, que queda en Santa Teresa, y de una forma poco tradicional, porque no se hizo dentro de un estudio, no, sino en una sala donde había un ventanal grandísimo desde donde se podía ver toda la favela, los árboles, la naturaleza. Yo cantaba y veía todo eso, así que fue muy inspirador", explica la cantante, que decidió incluir en el disco, cómo no hacerlo, una versión de Verónica, además de invitar a Djavan, Gilberto Gil y Milton Nascimento para que participaran en él.

"¿Qué pasaba por mi cabeza en ese momento? No sabía ni qué pensar. Era mi primer disco. Estaba entrando en el mercado de la música, y sin embargo no tenía ni la menor idea de lo que podía pasar a continuación. Creo que simplemente no me había caído la ficha. Pero fue muy divertido. Una experiencia, yo diría, bastante difícil, pero muy buena", dice Rodrígues, que confiesa no conocer absolutamente nada de Venezuela.

"Es que de América Latina conozco muy poco. Brasil, porque es mi tierra. Y un poco de México. Pero de Venezuela no sé nada. Por eso es que estoy emocionada con esta visita", apunta ella, que por esa razón planea ofrecer en su show un pedacito de cada disco para que el público pueda al menos aproximarse a ella.

Interpretará algo de su segunda producción discográfica, Nos, con la que, explica, quiso probar que Bahia tiene compositores maravillosos que nunca antes habían sido mostrados. "La idea de este disco era esa: mostrar esa belleza musical que hay en mi ciudad, esos ritmos afros de Bahia. Porque la presencia de África es muy rica y muy fuerte en Salvador. Entonces grabamos esas viejas canciones africanas de Carnaval, pero con nuevos arreglos, para que sonaran más cerca de la samba y el reggae. A mí me gustó mucho cómo quedó".

No dejará por fuera algo del tercer disco, Biscoito fino, en el que grabó las canciones infantiles que solía interpretar su abuelo para que ella durmiera. Tampoco del cuarto: Mares profundos (2003) en el que se dio el gustazo de incluir las afro-sambas de Baden-Powell y de Vinicius de Moraes. Y mucho menos del último, Recomeço (2008), en el que seleccionó las historias de amor de Vinicius, Antonio Carlos Jobim y Chico Buarque.

Temas que ha interpretado sobre todo en Europa y Estados Unidos. Que compartió con David Byrne en el Carneggie Hall de Nueva York. Y que casi le cantó al oído en un acto oficial al Presidente Bill Clinton, quien además de declararse su fan le dedicó un capítulo de su autobiografía Mi vida. Piezas que han convertido a Virginia Rodrigues en una de las más grandes musas de Brasil, aunque ella no lo acepte del todo.

"Yo estaba feliz, sobre todo por conocer a gente como Caetano, que fue quien me lanzó y me dio a conocer dentro y fuera de Brasil. Estaba feliz porque, imagínate, él es de los más grandes cantautores de Brasil. Pero aún no creo que haya llegado a ser como los grandes, como Chico (Buarque), Gilberto (Gil) o Caetano (Veloso). Todos están a años luz de mi frente", finaliza.

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