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La Schola Cantorum de Venezuela dio un electrizante concierto en el OBF a pesar del calorón

publicado a la‎(s)‎ 13 jul. 2011 13:31 por Mercedes Grau   [ actualizado el 13 jul. 2011 14:25 ]

Esta reseña corresponde al concierto de la Schola Cantorum de Venezuela en la Trinity Episcopal Cathedral de Portland, Oregon realizado el 6 de julio de 2011.

 

Escrita por James Bash el 10 de Julio 2011


En la noche del miércoles del 6 de julio, la temperatura estaba muy por encima de los 27 grados centígrados en la Trinity Episcopal Cathedral, pero esto no impidió que los coralistas de la Schola Cantorum de Venezuela dieran el 150 por ciento y nos entregaran uno de los mejores conciertos corales jamás escuchados en Portland. El conjunto de 27 miembros, encabezados por su enérgica directora María Guinand, cantó con una afinación excepcional, la emoción, la dinámica, y la coreografía (sí este coro se mueve!) hizo que el público, que estaba a reventar, se olvidase del calorón que hacía. (Algunas personas no aguantaron y se fueron después del intermedio.)

El concierto, patrocinado por el Oregon Bach Festival, estuvo dedicado a la música de compositores de las Américas. Empezó con el Lacrimosa del Réquiem de Calixto Álvarez, el cual contó con solos de una soprano y una contralto. Esta última en particular, creó profundas y conmovedoras líneas muy ligadas, que dejaron al público en suspenso. La pieza siguiente de este concierto fue el Salmo 113 de Roberto Caamaño, el cual se interpretó con un canto impecable en latín, que hizo que el texto se sintiera urgido y apasionado con los increíblemente bien ligados crescendo y decrescendo. Este fue uno de los pocos bocados del programa que no contó con ningún movimiento. En el número siguiente, Abraham, del Magnificat de Alberto Grau, donde aparecen palmas y algunos movimientos donde se camina, el coro se veía completamente cómodo realizando algunos ritmos complejos y un montón de notas disonantes, las cuales volverían locos a la mayoría de los coros. En La Fiesta de San Juan de Beatriz Bilbao, el coro creó los sonidos de un festival entero en Venezuela con diferentes segmentos de ensambles, cantando diferentes melodías folklóricas - una más compleja y ligeramente atonal que la otra. En los primeros minutos pasaron por lo menos seis temas diferentes al mismo tiempo. Eran armonías virtuosas, y algunos de los miembros del coro también tocaban instrumentos (cencerros, tambores, etc) mientras que otros tenían solos, y todo el mundo se movía. El efecto general fue de ópera en la naturaleza - totalmente divertido de ver y oír.

La primera mitad del programa cerró con las Magic Songs de Murray Schafer, en la cual el conjunto utilizó una gran cantidad de gestos llenos de pantomima, para mejorar los sonidos inusuales que crearon: como el aullido de un lobo, el agua que cae y el zumbido de los insectos.

Después del intermedio, el coro continuó su paso a través de las Américas en la segunda mitad del concierto, impregnando La canción de molinera de Antonio Estévez, con inocencia y nostalgia. El conjunto creó una atmósfera melancólica con Se equivocó la paloma de Carlos Guastavino. Crescendos fuertes y frases declamatorias caracterizaron el desempeño del coro con el Evohé de José Antonio Calcaño.

Sonidos de percusión de los coralistas y llamadas de evocación de la solista fueron dos de las impresiones más duraderas del Mata del Anima Sola de Estévez. El coro realizó fácilmente los complejos ritmos del Oiga Compae que César Alejandro Carrillo estableció en una melodía tradicional popular Venezolana, que contenía el siguiente estribillo: "Se robaron mi burrita, mi cobija, mi machete, y mi mujer."

Luego vino Cloudburst de Eric Whitacre (con texto de Octavio Paz), que recibió una interpretación muy lírica del grupo, incluyendo a algunos de los coralistas que tocaron instrumentos. Una vez más esta pieza tenía un montón de dificultades, incluyendo una sección expuesta en la que el coro tenía que estar justo en la nota correcta, ya que uno de los hombres se sentaba en el piano y tocaba un pasaje de acompañamiento, el cual hubiese sonado muy raro si el coro no hubiese estado perfectamente afinado. La pieza terminó con el coro imitando el sonido de la lluvia que gotea de forma esporádica.

Las tres últimas piezas del concierto fueron Binnamma de Grau, con algunas partes donde cantaron en cuclillas, La Restinga de Otilio Galíndez con arreglo de Grau, y una elevada y gran interpretación del Mambo "Qué rico é" de Guido López Gavilán. Después de una estruendosa ovación de pie, Guinand y el coro invitaron al público a aplaudir al ritmo de ellos, mientras cantaban un bis, y se despedían al mismo tiempo que se retiraban del frente de la iglesia.

 

VER ENLACE: http://oregonmusicnews.com/blog/2011/07/10/schola-cantorum-de-venezuela-gives-electrifying-concert-despite-heat/

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